Internet y redes
Redacción Teknosfera
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Gravar a las Big Tech es justo; gravar los bytes es el error torpe de Francia

El impuesto francés por gigabyte apunta a Netflix y Google, pero cobrar por byte castiga el volumen y no el valor, y es probable que acabe afectando a todos los demás.

Publicado
31 de octubre de 2026
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¿Hay una forma peor de gravar a un gigante tecnológico que contar sus bytes? La Asamblea Nacional francesa acaba de descubrir lo tentador que resulta. El objetivo, que las plataformas globales paguen lo que les corresponde, es perfectamente razonable. La herramienta, no.

Una votación ajustada aún no convierte esto en un impuesto

El viernes 30 de octubre, los diputados aprobaron una enmienda a los presupuestos de 2027 que fija una tasa de 0,055 € por gigabyte enviado a los usuarios de internet franceses, según Capital. La presentó el diputado socialista Laurent Lhardit. Sus defensores esperan recaudar 10.000 millones de euros al año. El ministro de Presupuestos, David Amiel, sitúa la recaudación más cerca de los 5.000 millones, como cuenta Techaeris.

No conviene descorchar el champán ni dejarse llevar por el pánico todavía. La enmienda salió adelante por 11 votos a 10, en contra del criterio del Gobierno, y solo sobrevivirá si lo hace la parte de ingresos del presupuesto. El Senado y las negociaciones entre cámaras aún pueden eliminarla. Le Monde señala que el presupuesto definitivo se reescribirá en buena parte de todos modos.

Un impuesto sobre el volumen no es un impuesto sobre el valor

El argumento es que Google, Meta, Amazon, Netflix y Akamai transportan cerca de la mitad del tráfico francés, según datos de Arcep citados por los diputados. De acuerdo. Pero, como objeta el propio Amiel, la otra mitad procede de miles de emisores más pequeños, algunos de ellos franceses, que cargarían con la mitad de la factura. Un impuesto pensado para golpear a los gigantes acabaría, por diseño, golpeando a cualquiera que mueva datos.

Y los bytes son un pésimo indicador de beneficios. Techaeris apunta que una hora de música en streaming en alta calidad ronda los 150 MB, menos de un céntimo de impuesto, mientras que una hora de Netflix en 4K cuesta unos 40 céntimos. El vídeo es casi toda la factura. Una descarga de un juego de 200 GB soportaría 11 € de impuesto. Creemos que esa es la clave: la tasa castiga el formato más pesado, no a la empresa más rica. Una plataforma publicitaria ligera y de altos márgenes podría pagar poco; un estudio de videojuegos modesto que distribuya un parche grande podría pagar mucho.

El tope (el 15 % de los ingresos en Francia o el 2 % de los ingresos globales) protege a los grandes, y Techaeris señala que ayuda bastante menos a todos los demás. Así, el pequeño emisor con márgenes ajustados probablemente toparía antes con el muro del volumen.

La excusa de la infraestructura no se sostiene, y el coste no se quedará donde está

Techaeris también indica que el tránsito mayorista cuesta una fracción de céntimo por gigabyte, de modo que 5,5 céntimos son varias veces el coste de mover los datos. No es un cobro por usar la infraestructura; es una tasa sobre el volumen. Eso importa porque reabre por la puerta de atrás el viejo debate de la neutralidad de la red: en cuanto el Estado ponga precio al tráfico por gigabyte, cualquier distribuidor de archivos grandes, desde las editoras de videojuegos hasta quien aloje descargas pesadas, podría convertirse en objetivo. Si los espejos de código abierto quedarían incluidos depende de cómo se defina a los «productores de datos digitales», y la documentación no lo aclara. Esa incertidumbre es ya, en sí, el problema.

Luego está el traslado del coste. Cuando Francia introdujo en 2019 su impuesto del 3 % sobre los servicios digitales, recuerda Techaeris, Amazon, Google, Apple y Meta repercutieron los costes a vendedores, anunciantes o desarrolladores. El texto dice que pagan las empresas, no los particulares, pero la conjetura de iPhoneSoft de que el plan Standard de Netflix podría subir de unos 14,99 € a 17,25 € es una previsión, no un hecho. Aun así, apostaríamos por que la factura acabe en manos de los consumidores.

Los demás argumentos de los autores son más débiles de lo que parecen. Dicen que contar bytes sin leer el contenido respeta la privacidad, y esa parte se sostiene. El argumento verde, que cobrar por GB empujaría a las plataformas a comprimir mejor, es plausible, pero es un efecto secundario, no una razón para crear un impuesto. Mientras tanto, los operadores como Orange, Free, SFR y Bouygues tendrían que comunicar los datos de tráfico a la administración tributaria, y un medio ya califica el esquema de técnicamente inviable. Lo tomaríamos como una advertencia, no como un veredicto.

Grava el valor de las Big Tech, no el peso de los bytes

Que las Big Tech paguen más es un objetivo defendible, y existe la vía basada en los ingresos: es torpe, pero al menos mide algo más cercano al peso económico de una empresa. El impuesto por gigabyte mide algo relacionado con lo voluminoso que es un archivo de vídeo. Si el Senado lo elimina, no sería una victoria para Netflix; sería un rescate para el resto de internet. Si Francia quiere gravar a las Big Tech, debería apuntar al valor y a los ingresos, no al peso de los bytes.

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