¿Despedido por usar IA a escondidas? Las empresas sin normas comparten la culpa
Millones de trabajadores usan IA en la sombra porque nadie les explicó cómo hacerlo. El despido puede ser legítimo, pero una empresa sin política ha escrito la mitad del guion.
Foto: Bill Branson (Photographer) / Wikimedia Commons (Public domain)
¿Es justo despedir a alguien por usar una herramienta que su empresa nunca prohibió, nunca proporcionó y ni siquiera mencionó? Legalmente, la respuesta puede ser «sí, a veces». Moral y prácticamente, creemos que la respuesta es «no, antes de que la empresa se mire al espejo».
La pregunta está sobre la mesa porque Der Spiegel consultó al abogado laboralista Anton Barrein sobre cuándo el uso secreto de la IA puede costarte el puesto. El planteamiento es directo: millones de empleados usan IA, muchos de ellos a escondidas, y en determinadas circunstancias puede llegar el despido. El artículo también aborda qué deberían acordar empresas y empleados para no llegar a ese punto. Solo tenemos el avance, así que no vamos a fingir que sabemos qué casos considera Barrein arriesgados. Aun así, la dirección del argumento está bastante clara.
El secretismo es un síntoma, no un defecto de carácter
Si ocultar el uso de la IA fuera una costumbre marginal, «mal empleado» sería un diagnóstico justo. Pero no es marginal. Una encuesta de Cybernews concluyó que casi 6 de cada 10 empleados estadounidenses usan IA no autorizada en el trabajo, a menudo exponiendo datos corporativos sensibles. Un informe de PagerDuty describe el mismo patrón desde el otro lado: la adopción de la IA por parte de los empleados ha superado a la política corporativa en las grandes organizaciones.
Cuando tanta gente se comporta igual, la causa rara vez es un fallo moral individual. Probablemente sea un vacío. Los trabajadores ven una herramienta que les puede ahorrar tiempo, no ven ninguna alternativa aprobada ni orientación alguna, y hacen lo racional: usarla sin hacer ruido. Ocultarlo también es racional, porque nadie sabe si confesarlo se premiará o se castigará. Otra encuesta señala que el 83 % de los empleados teme que lo despidan por un error con la IA. Esa cifra procede de una encuesta a 2.500 empleados y responsables de TI de todo el mundo, y solo disponemos de su resumen. Aun así, un miedo así no genera transparencia. Genera silencio.
Sí, el riesgo es real, y los empleados no deberían quitarle importancia
Nada de esto vuelve inofensiva la IA en la sombra. Pegar datos de clientes, contratos o código fuente en un chatbot de uso general es justo el tipo de cosa que justifica una conversación seria y, en algunos casos, algo más. El mismo hallazgo de Cybernews menciona la exposición de datos corporativos sensibles. Ese es el núcleo legítimo del argumento de la empresa, y por eso el despido puede ser una posibilidad real.
Así que nuestro consejo a los trabajadores es sencillo, y no es «dejad de usar IA». No metáis material confidencial en herramientas que nadie ha aprobado. Preguntad por escrito qué está permitido, aunque la respuesta sea «aún no lo sabemos». Y sed sinceros sobre la diferencia entre «usé una herramienta para pulir un correo» y «le di el expediente de un cliente». Es probable que empresas y tribunales no traten ambos casos igual, aunque esa es nuestra lectura, no una sentencia.
La culpa es compartida, y algunos jefes son los peores infractores
Aquí viene la parte que nos parece más reveladora. Un artículo de CIO.com sobre una encuesta de BlackFog afirma que cerca de la mitad de los empleados usa herramientas de IA no autorizadas, y su titular señala a los directivos de las empresas como grandes culpables. Si quienes fijan las normas también se las saltan, cualquier despido por la misma conducta empieza a parecer, como poco, selectivo.
Luego está el fallo contrario: empresas que exigen usar IA sin ofrecer ningún marco. Un seguimiento de las exigencias de IA en el trabajo señala que estos requisitos pueden imponerse mediante evaluaciones de desempeño, criterios de ascenso, aprobaciones de plantilla e incluso el despido por no adoptarla. Piensa en el efecto que eso tiene en un empleado. Si usa IA, puede que lo castiguen. Si no la usa, puede que lo castiguen. Si la usa abiertamente sin ninguna política, se la juega al humor de su jefe.
Incluso las empresas que más empujan pueden tropezar con la comunicación. Proton, según informa Golem, canceló sus nuevas entrevistas sobre el uso de la IA, y Yen admitió un error de comunicación aunque aseguró que la empresa seguirá apostando por la IA. Lo tomamos como una pequeña lección: el plan puede ser bueno y su despliegue, aun así, resultar tóxico.
Prohibir es la respuesta perezosa; una buena política es aburrida y concreta
Prohibir es la respuesta perezosa y, en nuestra opinión, perdedora. Si la mitad de tu plantilla ya usa estas herramientas, una prohibición no elimina la conducta. Elimina tu visibilidad sobre ella. Lo que funciona es aburrido y concreto:
- Una herramienta autorizada que sea de verdad lo bastante buena como para que nadie necesite una cuenta personal.
- Una lista breve y en lenguaje llano de los datos que nunca deben introducirse.
- Una persona concreta a quien preguntar y la promesa de que preguntar no tiene riesgo.
- Formación vinculada a tareas reales, no una presentación anual de diapositivas.
Nada de eso debería resultar caro comparado con una filtración de datos o una demanda por un despido dudoso.
Nuestro veredicto
Si eres empleado, considera el uso no declarado de IA con datos confidenciales como un riesgo real para tu carrera y consigue por escrito la postura de tu empresa. Si eres directivo, entiende que cada usuario «secreto» es probablemente la prueba de un vacío que has creado tú. Despedir a alguien puede ser legal. Despedir a alguien por rellenar un hueco que tú dejaste abierto es, como mínimo, confesar que nunca hiciste tu trabajo.
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