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Redacción Teknosfera
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El mandato de Trump sobre la 'Superinteligencia': una guerra política de la terminología de IA

La insistencia de Donald Trump en rebautizar la 'inteligencia artificial' como 'superinteligencia' es una maniobra política calculada para controlar la narrativa en torno a la tecnología emergente, más que una mera preferencia semántica.

Publicado
18 de octubre de 2026
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Cuando un líder declara que cualquiera que use un término específico será considerado un “enemigo” por la Casa Blanca, esto señala mucho más que una simple preferencia de vocabulario. El reciente mandato de Donald Trump, que exige el reemplazo de “inteligencia artificial” por “superinteligencia”, es menos una cuestión de precisión lingüística y más un esfuerzo político estratégico para controlar la narrativa en torno a una de las tecnologías más transformadoras de nuestra era.

Desde septiembre de 2026, Trump ha expresado repetidamente su deseo de cambiar el nombre de la IA, culminando en un decreto presidencial el 29 de septiembre de 2026. Este decreto ahora exige oficialmente a las agencias del gobierno federal que adopten “Super Inteligencia” y su acrónimo “SI” en todas las comunicaciones oficiales, documentos y sitios web, al tiempo que se niegan a reconocer el uso de “Inteligencia Artificial” o “IA”. El presidente justificó este cambio alegando que “artificial” sugería una “inteligencia falsa” y que “superinteligencia” simplemente “sonaba mucho mejor” después de que una encuesta en Truth Social favoreciera el nuevo término sobre “inteligencia superior”. Esta directriz ha sido amplificada por el Tesoro de EE. UU., que, según se informa, está presionando a sus socios globales para que hagan el mismo cambio, y algunos líderes tecnológicos prominentes, incluidos Elon Musk y Meta, ya han comenzado a incorporar la nueva terminología en sus declaraciones y plataformas públicas.

El poder de la palabra, ¿o un giro político?

El historial de Trump en el cambio de nombre de lugares y conceptos sugiere un patrón: el lenguaje es una herramienta para moldear la realidad, o al menos su percepción. Este cambio de marca de la IA parece ser una estrategia de marketing clásica aplicada a la tecnología. Como han señalado los expertos, cuando una “marca” —en este caso, una tecnología ampliamente discutida— se asocia con controversia o malestar público, un cambio de nombre puede ser una solución de bajo coste para cambiar la percepción sin alterar el producto subyacente. Al igual que el giro de Facebook a Meta, esta medida tiene como objetivo darle a la tecnología un brillo fresco y más positivo.

La motivación subyacente de la administración, creemos, es replantear el discurso público en torno a la IA. El término “superinteligencia” sugiere inherentemente algo más allá de las capacidades actuales, evocando una sensación de aumento potente, avanzado y quizás incluso beneficioso, en lugar de la amenaza percibida de replicación “artificial”. Este giro positivo es crucial. Existe una preocupación palpable en la Casa Blanca de que el escepticismo público hacia la IA podría sofocar un motor de crecimiento económico significativo e impedir la ventaja competitiva de Estados Unidos frente a naciones como China.

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