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El café es más que cafeína: tu intestino también puede tener algo que decir

Nuevas investigaciones apuntan a que el café, también el descafeinado, puede modificar el microbioma intestinal y relacionarse con el ánimo, el estrés y la cognición.

Publicado
20 de octubre de 2026
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5 min
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Foto: Navaneeth Krishnan S / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)

Lo más interesante del café quizá sea lo que ocurre cuando la cafeína deja de hacer efecto. Cada vez hay más investigaciones que sugieren que tanto el café normal como el descafeinado pueden influir en el microbioma intestinal, con posibles consecuencias para el ánimo, el estrés y la salud cognitiva. Eso no convierte un latte en una medicina, pero sí hace que el conocido ritual de la mañana sea biológicamente más complejo que aquello de «bebe esto y te sentirás despierto».

Las pruebas recientes más sólidas proceden de dos líneas de investigación relacionadas. Un estudio publicado en Nature examinó datos del microbioma intestinal de más de 22.000 personas de 25 países e identificó más de 100 especies bacterianas asociadas al consumo de café, según El Periódico. Por otra parte, una investigación comentada por University College Cork señaló que el consumo habitual de café con cafeína y descafeinado afectaba al microbioma intestinal y se relacionaba con cambios en el ánimo y el estrés percibido.

La palabra importante es «relación». Los resultados son interesantes, pero no demuestran que el café trate la ansiedad, la depresión o el deterioro cognitivo. Eso sí, cuestionan la idea de que la cafeína sea toda la historia.

El hallazgo sobre el descafeinado cambia el argumento

Si el valor del café se redujera simplemente a bloquear el cansancio, el descafeinado ofrecería poco poder explicativo. Sin embargo, el patrón observado en el microbioma también aparece con el descafeinado. Eso apunta a que la composición química más amplia del café —sobre todo los polifenoles y otros compuestos vegetales— probablemente forma parte del mecanismo.

El estudio de Nature destacó Lawsonibacter asaccharolyticus, que aparecía entre seis y ocho veces más a menudo en las personas que bebían café con regularidad. La bacteria también se encontró en personas que no bebían café, lo que sugiere que la bebida puede contribuir a crear las condiciones en las que se multipliquen determinados microbios ya presentes. Los investigadores señalaron que los microbios intestinales transforman los compuestos del café en metabolitos como el ácido quínico y el hipurato, sustancias asociadas a efectos metabólicos.

Es una explicación más creíble e interesante que la idea simplista de que el café es «bueno» o «malo». La bebida no actúa sobre un único interruptor. Aporta una mezcla de compuestos que interactúa con un ecosistema, y ese ecosistema puede comunicarse después con otros sistemas del organismo.

La conexión entre intestino y cerebro promete, pero aún no está demostrada

La investigación resumida por University College Cork afirma que tanto el café con cafeína como el descafeinado pueden afectar al microbioma intestinal y, a su vez, influir en el ánimo y los niveles de estrés. Es un cambio de enfoque significativo: el posible efecto sobre la salud mental podría ser indirecto y viajar a través del eje intestino-cerebro, en lugar de llegar únicamente como una descarga de cafeína.

Pero este es precisamente el punto en el que la información sobre salud suele ir por delante de las pruebas. Un cambio en la composición del microbioma no es automáticamente una mejora, y un cambio declarado en el ánimo no equivale a un tratamiento clínico para una enfermedad mental. La documentación disponible respalda una relación entre el café, los microbios, el ánimo y el estrés; no justifica decirle a nadie que use el café como sustituto de la atención profesional.

Aun así, la hipótesis tiene sentido como línea de investigación. El microbioma intestinal participa en procesos metabólicos e inmunitarios, mientras que las bacterias intestinales pueden transformar los compuestos del café. Si esas transformaciones afectan a señales relacionadas con la inflamación, el estrés o la función cerebral, entonces la relación de la bebida con la cognición podría empezar en el intestino. Es un modelo más matizado que «la cafeína te hace estar más despejado».

La relación del café con la salud cardiovascular también es menos dramática que su reputación

Los hallazgos sobre el microbioma llegan junto con una reevaluación más amplia del perfil del café en términos de salud. Tim Spector dijo a Vanitatis que las personas que beben café habitualmente tienden a tener un microbioma más rico que quienes no lo consumen. Otros artículos basados en la investigación proporcionada describen asociaciones entre un consumo moderado de café y mejores indicadores cardiovasculares, incluido un riesgo aproximadamente un 15 % menor de sufrir una enfermedad cardiovascular en algunos estudios poblacionales.

Ese porcentaje debe interpretarse con cautela. Las asociaciones poblacionales pueden reflejar el estilo de vida general de quienes beben café, y no solo los efectos del café. Las personas que toman café pueden diferenciarse de quienes no lo hacen en la alimentación, los horarios de trabajo, el sueño, el ejercicio o el uso de servicios sanitarios. El resultado es alentador, pero no es carta blanca para considerar el café un fármaco protector.

La implicación práctica es más sencilla: el viejo reflejo de considerar el café intrínsecamente perjudicial parece demasiado burdo. Las pruebas disponibles respaldan la moderación, tener en cuenta la tolerancia individual y prestar atención a lo que acompaña a la bebida. Un café cargado de azúcar y acompañado de alimentos ultraprocesados no equivale a un café solo dentro de una dieta equilibrada.

La conclusión útil no es «bebe más»

La interpretación más responsable de esta investigación no es que todo el mundo deba empezar a beber cuatro tazas al día. La FDA sitúa en torno a 400 miligramos de cafeína diarios un nivel que la mayoría de los adultos sanos puede tolerar por lo general sin problemas, pero la sensibilidad individual sigue siendo importante. La investigación proporcionada también señala que el descafeinado puede mostrar efectos en el microbioma, lo que lo hace especialmente relevante para quienes quieren evitar el impacto de la cafeína en el sueño o la estimulación.

En nuestra opinión, el café se está convirtiendo en un caso de estudio sobre cómo debería comunicarse la investigación nutricional. Sus efectos podrían depender menos de un único ingrediente llamativo que de la interacción entre un alimento complejo, el microbioma de una persona y el resto de sus hábitos. Es una perspectiva científicamente más rica —y mucho menos fácil de vender— que presentar el café como un potenciador cerebral.

El veredicto: si el café te sienta bien, no altera tu sueño y lo consumes con moderación, hay pocos motivos para sentirte culpable por esa taza de la mañana. Pero no persigas supuestos beneficios para el microbioma ignorando tus propios síntomas ni conviertas el café en una terapia. La idea prometedora no es que el café sea milagroso, sino que los alimentos cotidianos pueden influir en la relación entre el intestino y el cerebro de formas que la ciencia apenas empieza a cartografiar.

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